CON ESPECIAL ALEGRIA

Comienzo este blog con especial alegría, para atender a los lectores de mis artículos en El Diario de Hoy pero abierto también a toda persona que ame las verdades y deteste las mentiras, cualesquiera que sean sus ideas religiosas o antirreligiosas, sus aficiones culturales y sus ideas políticas. Aquí no interesa el nivel político en sí; pretendo moverme en un nivel mucho más alto: en el ámbito de lo que es verdad y lo que es mentira.

Se ha perdido para extensas multitudes, no sólo el sentido de Dios sino también el sentido moral de toda vida humana pues se niegan a reconocer que existen Leyes Universales sobre lo que es bueno hacer y sobre lo que no se debe hacer. Viven con un concepto falso de la libertad, una libertad para pensar y hacer lo que a cada uno se le antoje. Pero si se pierde el sentido de Dios y de esas leyes morales universales, con una libertad donde lo único malo es que alguien o algo trate de impedir sus actos, entonces se pierde la capacidad de indignarse u oponerse ante realidades malvadas verdaderamente monstruosas.

Un ejemplo muy ilustrativo de esta falta de conciencia moral generalizada lo tenemos en el caso de Planned Parenthood. Se sabía y se permitía que existiese esta millonaria institución dedicada a frenar la natalidad distribuyendo anticonceptivos y practicando abortos de seres humanos desde su etapa embrionaria. Recientemente salieron a la luz pública que además mantiene un lucrativo negocio vendiendo partes de los niños abortados para experimentos científicos. Si esto hubiera ocurrido en 1950 o antes el escándalo y la repulsa mundial se habría traducido en cerrar esa empresa y llevar a juicio penal durísimo a los responsables de Planned Parenthood. ¿Cuál ha sido el castigo actual? Solo que algunas empresas que les donaban millones hayan dejado de dárselos.

Ante esta situación procuraré dejar muy claro lo importante que es no solo respetar y hacer respetar esas leyes morales universales sino vivirlas en la vida personal de cada uno. Destacaré la importancia de una sociedad integrada por personas y familias que orientan su vida hacia el bien del prójimo. Ellos cambiarán el mundo como lo cambiaron los primitivos cristianos que les tocó vivir en una cultura decadente sobre todo por su corrupción  moral, muy semejante pero no tan grave como la que padece la cultura actual.

Vivimos en medio de mentiras y violencias de todo tipo pero sabiendo que es imposible que crezca en la corrupción ni un país, ni el mundo entero en lo más importante: en  la alegría y felicidad de vivir.

Iré, semana a semana, señalando donde están la verdad y el bien moral y donde está la cultura malvada, destructiva, destinada a desaparecer..

Un saludo a los viejos amigos y a los nuevos que irán llegando.

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