La Naturaleza, sus leyes y la Sabiduría

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El logro feliz de toda vida humana incluye entender bien las obediencias y libertades que permite la Naturaleza. Otro de los grandes errores de la cultura de la muerte es precisamente despreciarlo.
Hay quienes se empeñan en que nos mantengamos solo como una parte más de los otros seres vivos, sin alterar el equilibrio ecológico, donde lo importante pasa a ser la Madre Tierra. Y en esa línea de pensamiento están los mas radicales, los que nos ven como una plaga, como agentes virales o bacterianos, como una infección, que lo mejor es que desaparezca por completo.
Otros nos ven como un peligro para ese mismo equilibrio ecológico, porque somos muchos, demasiados, para los espacios habitables y para los recursos económicos. En ese pensamiento están dos importantes dirigentes del Cambio Climático: Christiana Figueres y H.J.Schellnhuber, que dicen que de la población actual solo deberían quedar mil millones humanos y que desaparecieran -¿cómo?- los 6 mil millones restantes. Son neomalthusianos sin bases reales y con aspiraciones de gobernar el mundo y siempre muy seguros de que esos humanos que sobran no les incluye a ellos.
Si bien los seres humanos pertenecemos al universo y dentro de él somos parte de la Tierra y estamos emparentados, biológicamente, con los animales superiores y más directamente con los grandes simios, al tener inteligencia racional, voluntad libre y conocimiento de lo que es bueno o malo moralmente todo eso nos distancia del resto de los seres vivos, nos pone en la alta responsabilidad de mejorar o arruinar La Tierra, como únicos administradores de ella. Eso nos da la obligación de cuidar la naturaleza pero también la libertad y el derecho de desarrollar sus recursos en beneficio humano. Un teólogo puede decir que Dios, después de la Creación, nos dice: “terminarla, mejorarla”. Y aquí hay un punto esencial que está en entender con sabiduría esa tarea: la naturaleza tiene leyes que hay que respetar pero dentro de ellas está el derecho y el deber de superarla mejorándola. Pero castiga implacablemente, de una u otra forma, a los que entienden esa superación yendo contra ella. Se paga mal todo lo que es ir “Contra-natura”.
Por eso, aunque finjan lo contrario, no cabe felicidad en todas las formas de libertinaje sexual, ni en la homosexualidad, ni en el lesbianismo, ni en los falsos “cambio de sexo”. Y también son un mal “Contra-natura” los negocios y obras públicas que arruinan el medio ambiente con sus agresivas actividades.
Gran sabiduría está en obedecer a la Naturaleza. Recordemos ese dicho ya muy conocido: “Dios perdona siempre, los hombres alguna vez, la Naturaleza, nunca.”

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