De la culltura de la vida.-3

EL COMIENZO DE LA VIDA HUMANA

images (1) Si no se ama y se defiende la vida humana desde  su comienzo hasta su fin natural, carece de lógica, de ética y de sentido común cualquier otra defensa de la vida, de la ecología, de los derechos humanos, de la democracia y de la salud social. Una presunta cultura basada en un falso derecho al aborto sólo se puede sostener por la fuerza política, económica, mediática o las tres juntas, pero basada en falsedades. La Cultura de la Muerte es un coloso gigantesco pero con los pies de barro. Su “barro” es la mentira científica,  la corrupción moral  y la desgracia humana.

         ¿Qué es el aborto provocado? Una acción en la que se mata a un ser humano máximamente inocente, máximamente indefenso. ¿Quiénes decretan directamente su muerte? Los dos que mayormente debían defenderla: a) su madre, dotada por la naturaleza para ser su protección, su alimento y su desarrollo; b) un médico, cuya dignidad y deber profesional se fundan en procurar la salud y la vida.

            También en este aspecto esencial de la cultura, destaca el cristianismo. Desde su comienzo fue un decidido defensor de la vida humana intrauterina. Juan Pablo II recuerda: “Desde que entró en contacto con el mundo greco-romano, en el que estaba difundida la práctica del aborto y del infanticidio, la primera comunidad cristiana se opuso radicalmente, con su doctrina y praxis, a las costumbres difundidas en aquella sociedad” (“Evangelium Vitae”.61).En la Didaché (documento que incluso puede ser anterior a los últimos textos del Nuevo Testamento) se escribe: “No matarás el embrión mediante el aborto, no darás muerte al recién nacido” (Did. 2, 2).  La Epístola a Diogneto, texto alrededor del año 150, le explica a un tal Diogneto cómo son los cristianos diciendo: “Los cristianos no se distinguen del resto de la humanidad ni en la localidad, ni en el habla, ni en las costumbres.”(…)” Se casan como todos los demás hombres y engendran hijos; pero no se desembarazan de su descendencia” (Ep.Diog. 5,5). Tertuliano, uno de los grandes escritores cristianos (siglo I-II) escribe en su Apologético el contraste entre la decadente cultura pagana y la creciente cultura cristiana:“Los que los arrojan al Tíber; los que los exponen para que el hambre, los fríos y los perros se los coman ó los maten; los que procuran los abortos, no negarán que los matan”(…) “A nosotros no nos es lícito no solamente matar hombres ó niños, pero ni desatar aquellas sangres que en el embrión se condensan. La ley que una vez nos prohíbe el homicidio, nos manda no descomponer en el vientre de la madre las primeras líneas con que la sangre dibuja la organización del hombre, que es anticipado homicidio impedir el nacimiento. No se diferencia matar al que ya nació y desbaratar al que se apareja para nacer, que también es hombre el que lo comienza á ser como fruto de aquella semilla (Apologeticum, 9). No sabían biología pero estuvieron de acuerdo con lo que la ciencia ahora ha demostrado experimentalmente. Clara refutación a los que proclaman que la religión y la ciencia son opuestas.

Desde siglos atrás en la cultura europea se consideró que el ser humano lo era desde el momento de “la concepción”, entendiendo como tal la unión de un óvulo con un espermatozoide. Hoy sabemos científicamente los pasos y cambios que ocurren en el transcurso de esa “concepción”, desde que penetra un espermatozoide en un óvulo hasta que se fusionan los cromosomas maternos con los paternos. Así podemos precisar que, científicamente, hay un nuevo ser humano, distinto de su madre y de su padre, cuando se ha producido el zigoto.  Es decir, cuando como resultado de esa mezcla y fusión  de la carga genética de sus progenitores se tiene un ser vivo unicelular, totipotencial, dotado de 46 cromosomas, dotación genética propia y exclusiva de los seres humanos. Ningún animal tiene 46 cromosomas.

         Esta es la dura realidad que deja al descubierto que todos los actuales “anticonceptivos” hormonales, incluyendo la “píldora del día después”, y los DIUs (dispositivos intrauterinos) no son anticonceptivos, no evitan la ovulación,  son abortivos de los primeros días de vida del embrión humano. Y ello porque, si hubo fecundación, no impiden la formación del zigoto sino que alteran el interior de la cavidad uterina, el endometrio, haciendo, que éste sea incapaz para acoger al embrión, que ya está en etapa de blastocisto. No se produce la anidación de ese pequeño embrión humano en la matriz materna, impidiendo la continuidad de su desarrollo. Esos abortivos no matan al pequeño ser humano, lo expulsan y lo dejan morir sin que la madre se entere de que estuvo embarazada. Crimen perfecto.*

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La Cultura de la Vida

2.- A  LO  LARGO  DE  LA  HISTORIA

perdidos

Frente a la Cultura de la Muerte, poderosa en recursos políticos y económicos, que se impone por la fuerza con campañas millonarias y chantajes de ideas y de personas, se alza la Cultura de la Vida, aparentemente débil, sostenida sobre todo por su amor a la verdad y a las personas humanas.

La Cultura de la Vida nace del asombro, la admiración, la indagación de la inteligencia y el respeto por la naturaleza y por la vida. Existe esa cultura, al menos en germen, en toda persona que se maravilla y se alegra al contemplar el mundo que le rodea y cuanto en él hay de belleza, de bien y de misterio.

La Cultura de la Vida se asoma con respeto y admiración a cuanto encuentra a su alrededor y pronto descubre, volviendo la mirada sobre las persona humanas, que no somos solo carne y materia física, sino que hay en todo humano algo muy superior, un aliento divino que le permite ir conociendo como son las cosas, lo que es verdad y lo que es bueno, y elegir libremente medios y fines para su propia vida, porque es cultura de espíritu y de libertad.

Las poblaciones humanas primitivas descubren que poseen espíritu cuando entierran a sus muertos con alimentos, bebidas y armas. Ese es el mensaje que nos dejan: el fallecido no ha muerto; su alma ha emprendido un viaje y por eso, ingenuamente, se le provee de medios de nutrición, de defensa y de caza.

Las culturas primitivas mezclan sus intuiciones espirituales verdaderas con elementos espurios que oscurecen o distorsionan la verdad, envolviendo el conjunto en los mitos. Serán los grandes filósofos de la Grecia Clásica los que se atreven a separar la luz de la razón de los mitos religiosos existentes. Los dioses mitológicos van cediendo así su lugar al Ser Absoluto, el Único, el Acto Puro.

images (3)Un pequeño pueblo de pastores nómadas, Israel, insignificante dentro de las grandes culturas babilónicas y egipcias, aporta sin embargo un elemento decisivo a la cultura de la vida: Jahveh: El que Es. Ya no adoran ídolos divinizados, imágenes materiales, a veces zoomórficas. Todo eso es falsedad. Existe un solo Dios, creador de todo el universo y que otorga a Israel un Decálogo moral, universal y para siempre.

Pero tanto en Grecia como en Israel, los grandes hallazgos filosóficos y religiosos pronto se oscurecen, se ensucian, se traicionan. El espíritu humano, como dijo Platón, es un auriga que va guiando un carro tirado por dos caballos: uno blanco, que tira del carro hacia arriba, hacia el cielo,  y otro caballo, negro, que tira del conjunto hacia abajo, hacia el suelo.

Entonces Dios se apiada del estado de la humanidad y entra, en el espacio y en el tiempo, y en tierras de Israel: Jesucristo. Con él nace el Cristianismo y la Cultura de la vida encuentra su centro, su fuerza sobrenatural, su rumbo definitivo y su destino ultraterreno.

Es propio de la Cultura de la Vida, ya hecha Cristianismo, el signo de la Cruz, signo de contradicción y de escándalo para muchos, pero también signo matemático (+) de suma, de integración, de inclusión; no de división ni de muerte. Por eso en su desarrollo a partir del judaísmo, no destruye ni desprecia lo mejor del judaísmo ni de las grandes culturas imperantes: la griega y la romana. Es propia de ella la humildad espiritual. Por eso al asumir la cultura grecolatina, en todo lo que encierra de verdad, confesará que “somos enanos encima de los hombros de gigantes, por eso vemos más.” Pero también es propio de esta nueva cultura de la vida purificar el amor y la justicia, desterrar de ellas el odio y la lujuria y herir, de muerte, a la esclavitud y a la opresión por motivos raciales o sexuales.

descarga (7)Los enemigos del Cristianismo, cuando la critican, olvidan que no es algo impuesto por la fuerza ni logrado en su totalidad. Es sólo un fermento que va actuando, poco a poco,  a lo largo de la historia y dentro de las distintas culturas, saneándolas de sus impurezas y realzando lo mejor de ellas mismas. No abolirá de golpe la esclavitud, tardará siglos en hacerlo y todavía, en nuestro tiempo, lucha, pacíficamente, contra nuevas formas de esa lacra social.

En la cumbre cristiana de la Edad Media, la mujer adquiere un poder y unas libertades negadas anteriormente y vueltas a perder, con el Renacimiento, hasta nuestros días. Poder femenino medieval no sólo espiritual, sino también cultural, político y económico. Asombra pensar ahora en el poder político de Leonor de Aquitania,  en el poder eclesiástico y territorial de algunas abadesas, como la de las Huelgas en Burgos (España), o en la influencia decisiva sobre el Papa de Santa Brígida y Santa Catalina de Siena.*

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De la Cultura de la Vida

1.-La vida, esa verdad maravillosa.

 camino_bosque BLOGGAparentemente vivimos tiempos de paz. Ya que no padecemos una guerra en el sentido vulgar de guerra: enfrentamiento armado, militar, entre dos bandos. Pero la realidad es que estamos inmersos en una guerra global de otro tipo: una guerra entre dos modos de plantearse lo que son los seres humanos. Por una parte se insiste en la igualdad y dignidad esenciales de todos los humanos, en la defensa, protección y desarrollo de toda vida humana. En el bando contrario se vuelve a algo peor que la esclavitud ya que, consideran que hay vidas humanas sin valor, despreciables o utilizables como animales o cosas y tras un aparente progreso y ganancia en libertades, en realidad esos están contribuyendo a la corrupción de la sociedad, manipulando y embruteciendo las mentes, masificando a los individuos e ir dejando un rastro de inmensos genocidios silenciosos.

         Es la guerra entre la Cultura de la Vida y la Cultura de la Muerte. Lucha desigual. Aparentemente, hasta ahora, va ganando la Cultura de la Muerte. Sus medios políticos, económicos y mediáticos son enormes.onu_nwo. CULTURA DE LA MUERTE.

La Cultura de la Vida en cambio es mantenida por algunas organizaciones, muchas veces muy modestas en sus medios de difusión, y por algunos “franco-tiradores” aislados –entre los que me cuento- con las únicas armas de la razón, de verdades -incluyendo las estadísticas- que se van haciendo cada vez más evidentes. Sostener que toda vida humana es valiosa y debe por ello ser respetada y cuidada, también cuando es débil e indefensa (un embrión, un enfermo, un anciano, etc.) está en la base profunda de una cultura que verdaderamente sea democrática; sobre esas raíces se asienta y ha crecido toda la cultura cristiano-occidental (a la cual pertenezco) y cuando ésta ha comenzado a ser atacada en esos fundamentos, los resultados nocivos están a la vista: la infelicidad ha cundido como una verdadera plaga. Signos claros de esa infelicidad, de ese fracaso vital de tantas personas, son el aumento de la drogadicción, del alcoholismo, del consumo de ansiolíticos y antidepresivos, de la criminalidad hasta lo bestial, de las enfermedades mentales y de los suicidios en gente cada vez más joven. Es un camino de muerte espiritual, de muerte en humanidad y en ocasiones crecientes, de  muerte física.

El arma poderosa de la Cultura de la Vida son las verdades. Su victoria no consiste en vencer, sino en convencer. Y convencer mostrando y utilizando los otros compañeros de la verdad: la belleza, la bondad, la felicidad, el amor.

La lucha de los grupos Pro-vida estadounidenses contra el aborto nos dan un ejemplo muy claro de lo que es más eficaz. Durante años insistieron en que el aborto es un crimen, mostrando incluso carteles y videos con fetos sanguinolentos y despedazados. Los resultados de esas campañas fueron muy escasos. En cambio cuando insistieron en incrementar la ayuda a las mujeres embarazadas para que no abortasen, la cifra de abortos tuvo una apreciable disminución y los partidarios pro-vida aumentaron. Hay que comprender a las víctimas que están en el bando opuesto, hay que tenderles una mano. Ponerse en su caso, “en sus zapatos”, y más que afear lo malo de su postura, ayudarles a salir de ella mostrándoles la verdad de lo contrario, y en este caso de la bondad de la maternidad y del amor que pueden dar y recibir del ser inocente e indefenso que llevan dentro.

Pienso que se darán grandes pasos en la cultura de la vida, no sólo denunciando –como es justo- los errores, las mentiras y la maldad que alimentan la Cultura de la Muerte, sino muy especialmente haciendo que se conozca cada vez mejor todo el misterio, la inteligencia, la belleza y el bien que existen en todos los capítulos más importantes de la vida humana, desde la grandeza del poder genésico y las fascinantes relaciones biológicas entre una mujer y el embrión que lleva dentro, hasta la atención de las vidas humanas que el bando contrario considera “sin valor”. Conocer, por ejemplo, como es el desarrollo del ser humano desde el cigoto hasta el parto, va mostrándonos, según lo sabemos cada vez con mayores detalles, las maravillas del desarrollo intrauterino, del “dialogo de amor biológico” que se va estableciendo entre el hijo embrionario y su madre. Cuando una cosa se conoce bien, a fondo, no sólo en sus niveles de manipulación científico-tecnológica, sino también en su misterio y belleza más profundamente humanas, si hay sincero amor a la verdad en el que conoce, entonces surge la benevolencia: la admiración, el respeto y el amor por ese ser y en consecuencia se le protege y se le ama.

Cuentan que cuando el escultor Miguel Ángel terminó de esculpir su magnífica estatua de Moisés, se quedó por un momento contemplándolo y dándole un pequeño golpe con el martillo, dijo: -¡Habla! Es cierto que esa estatua tiene una fuerza casi de realidad, pero nunca hablará. En cambio, de la unión de un espermatozoide y un óvulo humanos, tras la aparente insignificancia por su tamaño microscópico, sí sale, si se le deja crecer, una creación más valiosa que la de cualquier artista, la maravilla de un ser que no sólo habla, sino que vive y que ama.*

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Aborto y progresismo

FECUNDACIÓN IN VITRONavegando por Internet encontré este artículo que conserva plena actualidad. Para los lectores que no conozcan a su autor, Miguel Delibes, debo decir que es uno de los grandes escritores españoles de transición entre los dos últimos siglos (1920-2010). Al final de su lectura, expondré los puntos en los que no estoy conforme y por qué.

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 En estos días en que tan frecuentes son las manifestaciones en favor del aborto libre, me ha llamado la atención un grito que, como una exigencia natural, coreaban las manifestantes: «Nosotras parimos, nosotras decidimos». En principio, la reclamación parece incontestable y así lo sería si lo parido fuese algo inanimado, algo que el día de mañana no pudiese, a su vez, objetar dicha exigencia, esto es, parte interesada, hoy muda, de tan importante decisión. La defensa de la vida suele basarse en todas partes en razones éticas, generalmente de moral religiosa, y lo que se discute en principio es si el feto es o no es un ser portador de derechos y deberes desde el instante de la concepción. Yo creo que esto puede llevarnos a argumentaciones bizantinas a favor y en contra, pero una cosa está clara: el óvulo fecundado es algo vivo, un proyecto de ser, con un código genético propio que con toda probabilidad llegará a serlo del todo si los que ya disponemos de razón no truncamos artificialmente el proceso de viabilidad. De aquí se deduce que el aborto no es matar (parece muy fuerte eso de calificar al abortista de asesino), sino interrumpir vida; no es lo mismo suprimir a una persona hecha y derecha que impedir que un embrión consume su desarrollo por las razones que sea. Lo importante, en este dilema, es que el feto aún carece de voz, pero, como proyecto de persona que es, parece natural que alguien tome su defensa, puesto que es la parte débil del litigio.

La socióloga americana Priscilla Conn, en un interesante ensayo, considera el aborto como un conflicto entre dos valores: santidad y libertad, pero tal vez no sea éste el punto de partida adecuado para plantear el problema. El término santidad parece incluir un componente religioso en la cuestión, pero desde el momento en que no se legisla únicamente para creyentes, convendría buscar otros argumentos ajenos a la noción de pecado. En lo concerniente a la libertad habrá que preguntarse en qué momento hay que reconocer al feto tal derecho y resolver entonces en nombre de qué libertad se le puede negar a un embrión la libertad de nacer. Las partidarias del aborto sin limitaciones piden en todo el mundo libertad para su cuerpo. Eso está muy bien y es de razón siempre que en su uso no haya perjuicio de tercero. Esa misma libertad es la que podría exigir el embrión si dispusiera de voz, aunque en un plano más modesto: la libertad de tener un cuerpo para poder disponer mañana de él con la misma libertad que hoy reclaman sus presuntas y reacias madres. Seguramente el derecho a tener un cuerpo debería ser el que encabezara el más elemental código de derechos humanos, en el que también se incluiría el derecho a disponer de él, pero, naturalmente, subordinándole al otro.

Y el caso es que el abortismo ha venido a incluirse entre los postulados de la moderna «progresía». En nuestro tiempo es casi inconcebible un progresista antiabortista. Para estos, todo aquel que se opone al aborto libre es un retrógrado, posición que, como suele decirse, deja a mucha gente, socialmente avanzada, con el culo al aire. Antaño, el progresismo respondía a un esquema muy simple: apoyar al débil, pacifismo y no violencia. Años después, el progresista añadió a este credo la defensa de la Naturaleza. Para el progresista, el débil era el obrero frente al patrono, el niño frente al adulto, el negro frente al blanco. Había que tomar partido por ellos. Para el progresista eran recusables la guerra, la energía nuclear, la pena de muerte, cualquier forma de violencia. En consecuencia, había que oponerse a la carrera de armamentos, a la bomba atómica y al patíbulo. El ideario progresista estaba claro y resultaba bastante sugestivo seguirlo. La vida era lo primero, lo que procedía era procurar mejorar su calidad para los desheredados e indefensos. Había, pues, tarea por delante. Pero surgió el problema del aborto, del aborto en cadena, libre, y con él la polémica sobre si el feto era o no persona, y, ante él, el progresismo vaciló. El embrión era vida, sí, pero no persona, mientras que la presunta madre lo era ya y con capacidad de decisión. No se pensó que la vida del feto estaba más desprotegida que la del obrero o la del negro, quizá porque el embrión carecía de voz y voto, y políticamente era irrelevante. Entonces se empezó a ceder en unos principios que parecían inmutables: la protección del débil y la no violencia. Contra el embrión, una vida desamparada e inerme, podía atentarse impunemente. Nada importaba su debilidad si su eliminación se efectuaba mediante una violencia indolora, científica y esterilizada. Los demás fetos callarían, no podían hacer manifestaciones callejeras, no podían protestar, eran aún más débiles que los más débiles cuyos derechos protegía el progresismo; nadie podía recurrir. Y ante un fenómeno semejante, algunos progresistas se dijeron: esto va contra mi ideología. Si el progresismo no es defender la vida, la más pequeña y menesterosa, contra la agresión social, y precisamente en la era de los anticonceptivos, ¿qué pinto yo aquí? Porque para estos progresistas que aún defienden a los indefensos y rechazan cualquier forma de violencia, esto es, siguen acatando los viejos principios, la náusea se produce igualmente ante una explosión atómica, una cámara de gas o un quirófano esterilizado.*

Miguel Delibes.

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“El óvulo fecundado es algo vivo”. Eso es decir muy poco. Los defensores del aborto gustan de emplear esas mismas palabras, “ovulo fecundado” extendiéndolas hasta el momento de la implantación en el endometrio, el tejido que recubre la cara interior del útero. La realidad es muy distinta. Cuando en el ovulo fecundado se unen los cromosomas maternos y paternos, se forma el cigoto que es un ser unicelular pero totipotencial. Ya tiene en comienzo todo lo que tendrá cuando nazca. Un cigoto de perro ya es un perro, macho o hembra. Un cigoto en el interior de una mujer ya es un ser humano, varón o hembra, que tiene ya todas las fuerzas y leyes para ir desarrollando todo l que ya tiene: su humanidad. Una humanidad individual, distinta a los demás seres humanos del mundo. Ya es más que una cosa viva y tampoco es un animal ni un vegetal, es todo un ser humano. No veo por qué no puede ser llamado “persona”.

cigoto“De aquí se deduce que el aborto no es matar (parece muy fuerte eso de calificar al abortista de asesino), sino interrumpir vida.” De nuevo el error, tal vez excusable porque Delibes no es ni médico ni biólogo. Para mí y para muchos, basándonos en simple razones humanas, “interrumpir” la vida a un ser humano es matarlo. Los médicos que juramos y ajustamos nuestro desempeño médico al Juramento Hipocrático, siempre hemos respetado la vida humana, cualquiera que sea su estado de desarrollo. Si el embrión en sus primeros días de desarrollo pudiere todavía evolucionar a vegetal o un animal, entonces no sería un crimen, como no lo es el eliminar un óvulo no fecundado o un espermatozoide. Pero desde el cigoto ya se es un ser humano en desarrollo.

         Si publico el artículo de Delibes es porque todo su razonamiento sobre lo que defiende un progresista es lúcido y correcto. Si se defiende al débil contra el fuerte y su dominio y/o violencia, entonces hay que defender a los embriones humanos porque son máximamente débiles y máximamente inocentes.  ***

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BEATRIZ, un caso típico de la Cultura de la Muerte

6a00d8341c630a53ef00e554c9e27f8834-800wiEl caso “Beatriz” en El Salvador, en detalle.

Merece la pena saber con toda precisión la explotación inhumana de una mujer campesina y pobre que hicieron en el país centroamericano de El Salvador personas de la Cultura de la Muerte tratando de introducir el aborto legal, manipulando el embarazo y la enfermedad de la llamada, con nombre supuesto, “Beatriz”.

No es nada nuevo. Siguen instrucciones precisas por todo el mundo. El embarazo de una mujer con embrión  anencefálico les dio resultado en Brasil para legalizar el mal llamado aborto terapéutico. Con casos similares trataron sin éxito de introducirlo en Colombia. Ahora le tocaba a El Salvador. Deben tener personas en los servicios de Maternidad que les dan el alerta: ¡tenemos un caso de embarazo con niño anencefálico!

Beatriz padece de un lupus eritematoso sistémico y de hipertensión arterial benigna Eso no la impidió quedarse embarazada anteriormente y dar a luz a su primogénito sin problemas especiales con un parto por cesárea. Pero después de ese parto tuvo un episodio breve de pre-eclampsia.

En su segundo embarazo el lupus estaba inactivo y tenía tratamiento farmacológico adecuado para su hipertensión. Si el feto hubiera sido normal no habría sido noticia pero con el diagnóstico de anencefalia, enseguida los “mortífagos” cayeron sobre Beatriz como hienas hambrientas, falseando el cuadro clínico, diciendo que tenía insuficiencia renal, que el lupus estaba activo y diciéndole a Beatriz que si no abortaba inmediatamente podía morir. Enseguida la proporcionaron dos abogados  que entablaron pleito contra los médicos del Servicio estatal de Obstetricia, por negarse a efectuar el aborto “y poner así a la embarazada en peligro de muerte”. Para añadir mas falsedades siniestras dijeron que antes del parto anterior había tenido pre-eclampsia.

Lo triste es que a todo el show de los abortistas  se añadió la Ministra de Salud, doctora María Isabel Rodríguez, organizaciones feministas y la Comisión Internacional de Derechos Humanos presionando insistentemente para que se efectuara el aborto terapéutico. La ministra de Salud se inventó una Comisión nacional de Bioética, tan mal agestada y con un currículo bioético tan inexistente que nadie le hizo ningún caso. En un momento dado la doctora Rodríguez amenazó con llevarse onu_nwo. CULTURA DE LA MUERTE.a Beatriz a otro país donde le pudieran efectuar el aborto.

Pero afortunadamente como dijo la presidenta de la Asociación Sí-a la Vida “la mentira avanza pero la verdad alcanza”. La Asociación de Bioética de El Salvador, ABIOES, integrada por médicos y juristas de prestigio, dictaminó que lo que había que hacer es simplemente mantener la observación y el cuidado normal del embarazo y en un momento dado efectuar un parto inducido o un parto por cesárea. Intervino la Fiscalía General de la Republica con un estudio cuidadoso del caso, asesorados por expertos médicos que negaron la actividad del lupus y la insuficiencia renal y dictaminaron seguir la misma conducta recomendada por ABIOES. Pero las presiones sobre Beatriz para que abortara, el acoso de los que hipócritamente se presentaban como salvadores de la salud de la madre, los anuncio pagados en la prensa por las feministas radicales, los enredos y falsedades tratando de confundir a la opinión pública, hicieron que el caso llegara hasta la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia que estudió el enorme mamotreto de documentos que había acumulado el caso y sentenció que había que proteger la vida de los dos, de la madre y del hijo. Y los abogados demandantes contra los médicos perdieron el caso.

Uno de los jueces matizó su voto diciendo que era un caso que deberían haber resuelto simplemente los médicos especialistas. Tenía razón. El caso desde el punto de vista médico no requería todo el largo enredo que armaron los servidores de la Cultura de la Muerte. Al final Beatriz sufrió un parto por cesárea en la semana 27 de su embarazo y su hijo, una niña nació entera, no despedazada, era efectivamente anencefálica y vivó unas siete horas. Pero los funcionarios de la gran Empresa Mundial de la Muerte –ya no es solo una cultura, sino una enorme empresa millonaria, perfectamente estructurada, con múltiples tentáculos acechando y presionando a todos los países que lo permiten y con la meta principal para  la que fue creada por Margaret Sanger a comienzos del siglo pasado: frenar la natalidad en todo el mundo por medio de la corrupción moral de la juventud, la venta millonaria de condones y abortivos hormonales y la legalización del aborto como un derecho femenino.

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SALIMOS PERDIENDO

Les ofrezco hoy esta magnifica reflexión del doctor Jaime Vierna García, patólogo español  que vive y trabaja en Alicante, sobre adelantos que deshumanizan. —————————————-

   306446396_bb6e9af7b1Pasamos unos días de descanso en un pequeño pueblo del interior. Apenas unos centenares de casas apretadas bajo el sol. Al caer la tarde acaba el encierro preventivo al que obligan las altas temperaturas, y salimos a dar nuestro paseo. Nos acercamos a un escaparate: lienzos de diferentes tamaños y estilos, fotografías de época, acuarelas, pasteles, óleos,…marcos sencillos, apenas unas regletas para confinar la belleza, y marcos reduplicados, tallados, artísticos, en los que parece que el contenido es el pretexto para exhibir la propia belleza del marco. Todo, presentado con esmero, casi con mimo, porque la excelencia hay que resaltarla sobre el fondo. Se cuida el detalle, se nota el cariño con que tratan aquí a la obra de arte. Los seres humanos somos así: necesitamos señalar con detalles de especial cuidado lo que nos parece importante, lo que destaca sobre el resto: es una forma de marcar diferencias, de mostrar nuestro aprecio al valor que encierran. Si en ese establecimiento apareciese un rótulo en el que se leyese “fábrica de cuadros” parecería que el objeto quedaba degradado, que quedaba descartado como arte, reducido a mercancía: sería la confesión de que habríamos perdido la facultad de reconocer su valor original, lo que lo hace irrepetible y nos enriquece. Fabricar es igualar por abajo; es producción en serie, homogeneidad difusa, multitud indiferente: nada hay especial, desaparece lo excelente, lo que destaca, lo valioso; ¿quién se atreverá a decir que Velázquez, que Caravaggio, que Goya, fabricaban cuadros? Por eso, cuando he leído que Carl Djerassi, el creador de la píldora anticonceptiva, contempla un futuro en el que la generación humana habrá quedado completamente desvinculada de la sexualidad -sexo estéril por un lado, fecundación in vitro por otro- he sentido un escalofrío, una impresión de empobrecimiento radical. Que ha dejado paso pronto a una profunda compasión. Compasión, en primer lugar, hacia el propio Djerassi, que se declara así insensible para reconocer en el origen de la persona otros elementos que no sean el hecho puramente zoológico del placer y el estrictamente celular de la fecundación. En el camino se ha perdido el único elemento que introducía la dimensión personal: el momento de intimidad y de entrega de dos personas que se aman con un amor que va más allá de sí mismo y que es capaz de dar de sí nada menos que a una persona nueva, distinta, irreducible a ellas: una innovación radical, un amor creador. Por eso, si se piensa bien, sus palabras suenan a cadena de montaje, a un proceso mecánico, sin “alma”. Y por eso puede desensamblar sus componentes y considerarlos por separado. Pero compasión también hacia esa improbable sociedad en la que la continuidad de las generaciones tuviese lugar así. Se me dirá que da igual, que eso ya ocurre ahora y que es poco importante, que la nueva realidad personal acabará surgiendo de todas formas. Sí, es verdad que eso ya ocurre ahora. Pero es la excepción, el suceso raro. Convertir la excepción en norma cambia el amor originante por un proceso técnico, artificial, “fabril”, que no cuadra bien con el nivel de excelencia que corresponde a la persona humana. Un acto medido en todos sus puntos para alcanzar el fin que se persigue: nada queda al azar, el resultado asegurado, la exactitud a salvo de imprevistos, el dominio absoluto del hombre sobre…¡el hombre!

FECUNDACIÓN IN VITRO

Y es verdad también que la realidad personal acabará surgiendo, de todas formas, de ese proceso. Pero en su origen se habrá introducido algo que es “menos digno” de él que la intimidad de aquel amor entregado. ¿Y eso es muy grave? No, no es muy grave. Hasta que imagino que podríamos estar hablando de mí, o de un hijo mío. Y entonces lo comparo con el cuidado amoroso que recibía la excelencia en un taller olvidado de un pueblucho olvidado. Salimos perdiendo.

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Norma, Sandra, Beatriz, Savita

Norma Rae.Publico ahora otro magnifico artículo de  Hernán Corral, en EL MERCURIO de Santiago de Chile, que traza la ruta de algunas de las mujeres manipuladas por la tenaz campaña para introducir la legalización del aborto en todos los países que no encuentran una firme -y muchas veces heroica- resistencia a favor de la vida humana. (Fue publicado el 25 de julio de 2013)

“Sin priorizar lo mejor para ella, se pide obsesivamente que aborte por las más diversas razones. Primero, porque ha sido violada; luego porque se trataría de un aborto necesario para salvar su vida…”

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A estos nombres puede unirse el de Belén, la niña que ha reactivado el debate sobre la legalización del aborto en Chile. Son las protagonistas de casos dramáticos que suelen ser utilizados para reclamar un cambio en las legislaciones que protegen la vida del concebido.

Tal vez el de mayores consecuencias ha sido el de Norma McCorvey, una texana que en 1970 alegó que estaba embarazada tras ser violada por una pandilla. Con el seudónimo de Jane Roe, fue usada para obtener una sentencia de la Corte Suprema de EE.UU. (Roe vs. Wade) que legalizó el aborto en esa nación. En ese mismo país, el caso de Sandra Cano, con el nombre ficticio de Mary Doe, dio lugar a Doe vs. Bolton, sentencia en la que la Corte estimó que el aborto procedía hasta el noveno mes de embarazo.

Más tarde se descubriría que ambos procesos habían sido “construidos” por abogados y activistas. Norma confesó que la historia de su violación era falsa y se convirtió en una defensora de la vida por nacer. Mary declaró que había sido utilizada por el equipo que prometió ayudarla en su dramática situación: “En verdad yo nunca pensé -declaró- que ellos usarían mis angustias personales… para su plan de legalizar el aborto”.

Los casos de Beatriz y Savita son más recientes. Beatriz es el nombre ficticio de una salvadoreña afectada de lupus y embarazada de una niña anencefálica. Dos abogados pidieron a la Corte Suprema, sin considerar la opinión de la madre, que se interrumpiera el embarazo para salvarle la vida. Esta vez la Corte, previo informe del Instituto Médico Legal, resolvió que debía procederse a dar atención de salud tanto a la madre como a su hija en gestación. Y así fue; Beatriz tuvo a su niñita sin problemas, y pudo acompañarla en las cinco horas que sobrevivió al parto.

No sucedió lo mismo con Savita Halappanavar, una mujer de origen indio que murió en un hospital irlandés. Savita padecía síntomas de pérdida, pero los médicos no accedieron a su petición de interrumpir el embarazo hasta que el corazón del feto dejó de latir. Lamentablemente, se produjo luego una septicemia que provocó su fallecimiento. Aunque no hay evidencia de que la demora en la interrupción del embarazo haya sido la causa de la muerte de Savita, el caso fue explotado mediáticamente hasta conseguir, hace unos días, que la Cámara Baja del Parlamento irlandés aprobara una ley que amplía las causales de aborto permitido, incluyendo la amenaza de suicidio de la madre.

En Chile la estrategia del caso dramático ha sido intentada varias veces. El año 2010, el diputado Girardi expuso la situación de Claudia, que necesitaba un aborto para tratarse de un cáncer. Poco después los médicos del Hospital San José desmintieron tanto la enfermedad como que fuera necesario practicarle un aborto.

Con Belén se ha tratado de generar algo parecido. Sin priorizar lo mejor para ella, se pide obsesivamente que aborte por las más diversas razones. Primero, porque ha sido violada; luego porque se trataría de un aborto necesario para salvar su vida; enseguida porque es menester precaver supuestos riesgos para su salud. Ni la negativa de la niña y de su abuela parecen relevantes para quienes ven en el aborto la única solución “razonable”, aunque sea impuesta a la fuerza.

La estrategia de conseguir leyes o fallos judiciales a favor de la legalización del aborto mediante la conmoción que provocan casos dramáticos debe ser resistida. En todos ellos se presenta siempre en primer lugar el dolor de la madre (aunque no su real deseo), pero se invisibilizan la dignidad y derechos de la niña o niño en gestación. La criatura por nacer debe ser acogida y tratada como un partícipe más de nuestra comunidad, aunque haya sido el resultado de un acto tan deleznable como la violación. La pequeña Belén nos ha dado una lección de humanidad con sus simples pero contundentes palabras: “Igual no más la voy a querer”.

No matarás

 

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Pobre Belén

6a00d8341c630a53ef00e554c9e27f8834-800wiEste artículo fue publicado en EL MERCURIO de Santiago de Chile. Con gusto lo incluyo en mi blog porque está lleno de misericordia, de ternura, de bien escribir y de firme y verdadero criterio sobre la infancia, la maternidad e indirectamentee sobre la hipocresía y maldad que trata de imponer en todos los países la Cultura de la Muerte (en realidad una anti-cultura) por la fuerza de su millonaria maquinaria en su Empresa Mundial de la Muerte.

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Todas las calamidades se le han venido encima. Primero fue el padrastro que abusó de ella. Luego la madre, que al parecer lo consentía. Después las acusaciones de que ella habría actuado libremente. En fin, el embarazo, a los 11 años. Y ahora, horror de horrores, la enorme presión de algunos para que aborte.

Pobre niña. No será la primera vez que la frivolidad de algunos se aproveche de la tragedia de otros para promover “políticas públicas modernas”, para avanzar en “civilización” y dejar lo más atrás que se pueda el “oscurantismo”.

imagen de BELÉN

Pero ella, con esa pureza que no pierden los niños pese a todo lo que les pueda ocurrir, con esa sensatez, con ese corazón gigante que tienen -pues, como dijo Dickens, huelen a Dios pues han salido hace poco de él-, ha dicho respecto de su guagua: “La voy a querer mucho, aunque sea de ese hombre que me hizo daño. Igual no más la voy a querer”.

Claro, a las guaguas “igual no más” hay que quererlas. Y no solo a las guaguas: a todas las personas: sanos y enfermos, pesados y simpáticos, disminuidos o superdotados, discapacitados o lumbreras, nacidos o no nacidos. A todos hay que quererlos, desearlos, apreciarlos. Querer que existan, que sean. No hay indeseables.

La pobre Belén, que podría estar muerta por dentro, va optando hasta ahora por la vida. Ojalá la apoyemos y no cambie de parecer. Allí se habría cometido un doble asesinato, que cambiará el rojo de nuestra bandera.

B.B. COOPER     

 ( Todos los recien nacidos, los “tiernitos”, sean niños o niñas en Chile se nombran, familiarmente, como “guaguas”)

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11.- LOS ENEMIGOS DE LA JUVENTUD

         chile-disturbio-estudiantesLeo, con tristeza, los asesinatos de estudiantes, a mano de otros estudiantes. Y enseguida contemplo como el debate consiste en tirarse “la papa caliente” entre el  gobierno, los partidos políticos, los educadores, la policía, los padres, los medios de comunicación, etc. Creo que el diagnóstico de donde radica el mal no es difícil. Lo difícil es cómo combatirlo y mucho más cómo erradicarlo.

El problema es un problema ético.  Y la Ética, como ciencia y actividad humana está por encima de la alta matemática, la ingeniería y biología más de vanguardia y es mucho más importante para el logro del ser humano que el deporte, la técnica o la economía. Pero el ser humano es así. Ha inventado la música de cámara, pero también la cámara de gas. Del átomo puede sacar energía para iluminar o para achicharrar a millones de sus semejantes. Es cuestión de elegir pero no da lo mismo lo que se elija.

Creo que todos estamos de acuerdo, al menos en teoría, que el primero y más importante punto negativo para fabricar jóvenes violentos está en los males de nuestra estructura familiar. El divorcio, por muy aceptado que esté en nuestra sociedad, es y será siempre un mal que psicológicamente daña fundamentalmente a los hijos. Matrimonios estables, son los menos. Hogares destruidos o incompletos, los más. Padres que asuman con  generosidad, esfuerzo y sacrificio, el papel imprescindible de formar y educar a sus hijos en virtudes morales, pocos. Y los hijos –para bien o para mal- aprenden de sus padres –cuando conviven con ellos- lo que les ven hacer, mucho más que lo que les oyen decir. De hogares deshechos o de padres consentidores –pésimo es que alguien se críe  haciendo lo que le da la gana-, salen la mayoría de los adolescentes con problemas de conducta.

         El segundo obstáculo está en la escuela y en la universidad. Si el joven que llega a ellas, viene con una personalidad fuerte y bien formada en  virtudes positivas, podrá capear los malos ejemplos que reciba de compañeros y/o profesores. ¿Pero qué valores morales se aprenden en  nuestros medios educativos? Ahí hay una gama muy diversa  de elementos positivos o negativos, según los diversos centros docentes. He ahí un reto para el Ministerio de Educación y para todos y cada uno de los que nos dedicamos a la docencia. De todas formas hay que señalar la insuficiencia de las enseñanzas humanísticas. La mayoría de los que llegan a la universidad no tienen una idea clara de lo que es un ser humano, donde radica el valor de la libertad; no han estudiado  ni ética ni antropología filosófica, ni historia universal, ni saben a qué cultura pertenecen. Problema  peliagudo pues no sé qué es peor, que no sepan nada o que les hayan enseñado que son sólo el más inteligente de los animales o un conjunto de órganos e instintos, o que el fin de la vida está en el placer, que la historia universal se explica por la lucha de clases o por el triunfo de  las revoluciones y que el progreso de la ciencia y de la técnica solucionará todos los problemas humanos en un futuro próximo. ¿Qué es peor? ¿la ignorancia supina o la pseudocultura  de los dogmas de la Ilustración, del freudismo o del marxismo impenitente?

         El tercer obstáculo es el ambiente. Es mucho peor la contaminación del ambiente moral que nos rodea, que la del aire físico que respiramos. ¿Qué modelos personales y qué conductas morales se les muestran con más insistencia  a los jóvenes en el cine, TV, y en las canciones y conjuntos musicales? ¿Acaso no se presenta con insistencia como el camino más corto para la  felicidad, el rehuir el esfuerzo, el sacrificio y  el trabajo duro? Las  metas ideales aparecen identificadas con el dinero fácil, la autorrealización egoísta, mucho sexo sin responsabilidades morales ni familiares, y el mayor número posible de lujos y caprichos, satisfechos cómodamente. Sólo unos jóvenes educados desde pequeños en los principios morales del Decálogo y ejercitados diariamente en el robustecimiento de la propia voluntad, en el esfuerzo, en la disciplina y el cumplimiento del deber, en la sinceridad y la lealtad, en el  estudio y en el espíritu de servicio a los demás, sólo jóvenes pertrechados con esas virtudes son capaces de vivir a contra corriente y no ser contaminados por ese ambiente adverso.

         No terminan ahí los obstáculos.  De los países desarrollados y de la copiosa ayuda internacional –léase varios departamentos de la ONU y muchas ONGs, – deberíamos recibir estímulos éticos y en cambio recibimos, con fuertes respaldos monetarios y presiones políticas, ayuda para la pérdida de los valores religiosos y éticos, para facilitar la manipulación de las masas, disfrazadas con bellas palabras de libertad –léase irresponsabilidad-, derechos del niño o del adolescente  –léase fornicación-, sexo seguro –léase condón y píldoras anticonceptivas-, salud reproductiva –léase aborto-, igualdad de género –léase lesbianismo, orgullo gay, travestismo y otras patologías sexuales-. Cuanto más ignorantes y sinvergüenzas seamos, mejor para ellos; porque así seremos más fáciles de manejar.

Pero debo señalar, que a pesar de todos esos inconvenientes y factores negativos, contra lo que pudiera parecer, la violencia y los delitos entre estudiantes han disminuido en muchos sitios, con respecto a años anteriores. Eso demuestra que también hay gente que trabaja bien y para el bien. Y que la naturaleza humana, aunque padece de vértigo moral y le atraen los abismos, tiene también esa chispa divina que le impulsa a volar y amar las alturas, mientras no le corten las alas o le cieguen los ojos.*78_0003_Gchile-disturbio-estudiantes

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CINCO HORAS

FEDERICO HERNANDEZPublico hoy un espléndido artículo sobre la manipulación con tortura psicológica que la Cultura de la Muerte hizo sobre una pobre mujer campasina de la república de El Salvador, para que se sometiera a un aborto “terapéutico”. El autor del artículo es el escritor y periodista salvadoreño Federico Hernández Aguilar.

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Cinco horas de vida fuera del vientre materno. Veintisiete semanas de vida intrauterina. En estas dos frases queda resumida la biografía de una niña sin cerebro que conmocionó a la opinión pública salvadoreña y desató una polémica internacional que sigue abierta. Semblanza breve pero increíble para una bebé que estuvo en riesgo permanente de ser abortada desde que su madre, a quien conocemos con el nombre de “Beatriz”, se acercó a la red nacional hospitalaria presentando un cuadro de fiebre persistente y úlceras cutáneas.

Todavía no sabemos con certeza quiénes y qué le dijeron a la joven gestante para que interpusiera una demanda de amparo ante la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia. En todo caso, a solo dieciocho semanas de haber sido concebida, la niña de Beatriz ya era objeto de la diligente atención de la máxima instancia judicial del país, así como de varias entidades que fueron consultadas para enriquecer la resolución que fue emitida el pasado 28 de mayo.

Contrario a lo que la Ministra de Salud empezó a decir cuando se conoció el caso, los funcionarios demandados, al responder ante la Sala, confirmaron que Beatriz no se encontraba al borde de la muerte. De hecho, tal y como fue expresado por médicos y abogados que dieron su opinión profesional sobre el tema —acción que les valió ser acusados de “inhumanos”, “retrógrados” e “ignorantes”—, lo que procedía a partir de la vigésima semana de embarazo era la provocación de un parto inmaduro, desenlace que en ningún modo significaba la destrucción del feto.

Ya frente a los magistrados, ni siquiera la propia Beatriz solicitó el aborto. Los médicos tuvieron siempre en sus manos la solución más ética, y así procedieron cuando la madre empezó con las contracciones. ¿Por qué entonces nuestras autoridades sanitarias hablaban de la necesidad urgente de un aborto “terapéutico”? ¿Por qué se afirmó que la gestante presentaba un cuadro de insuficiencia renal y se descalificó el peritaje del Instituto de Medicina Legal cuando lo desmintió?

Yo entiendo que ciertas organizaciones feministas, tan prejuiciadas como facciosas, se atrevan a poner en duda la rectitud y la capacidad técnica de una instancia oficial, pero me resulta arduo aceptar esas ligerezas en una ministra de salud. Llama la atención, por contraste, el buen criterio de la Procuradora General de la República, que en su respuesta a la Sala reconoció que era perfectamente viable “interrumpir el embarazo” de Beatriz sin afectar la vida del feto. También se hizo ver a los magistrados que, “de acuerdo con el Código de Ética y Deontología del Colegio Médico, vigente para todos los profesionales de la medicina en El Salvador, no existe una situación en la práctica médica actual que avale la interrupción de la vida humana en gestación con el propósito de salvar la vida de la madre, pues aquellos siempre deben hacer todo lo posible por salvar la vida de ambos pacientes”. ¿Cómo es posible que la doctora María Isabel Rodríguez, una vez conocido el fallo, insinuara que Beatriz podía ser intervenida en el extranjero ya que era “dueña de su cuerpo”? ¿Cómo interpretar este empecinamiento en el aborto?

Las medias verdades esgrimidas por nuestras autoridades sanitarias pusieron en alerta a los organismos internacionales que promueven el aborto como “un derecho de la mujer”. Estas instancias también hicieron eco de la “insuficiencia renal” de Beatriz y de la “inminencia” de su muerte; algunas hasta pidieron firmas y dinero para apoyar lo que ellos entendían como una clara solicitud para abortar por parte de la gestante.

Hoy que el polémico caso ha sido resuelto jurídica y médicamente, está claro que hay movimientos, dentro y fuera de El Salvador, que van a presionar para que nuestro país revise su legislación que protege la vida. Estos grupos saben que el fallo de nuestra Sala de lo Constitucional es un golpe durísimo para la agenda abortista internacional, por lo que deben activar una estrategia de “control de daños” para minimizar el efecto dominó de la resolución y aprovecharse de que aún cuentan con la complicidad de las autoridades sanitarias salvadoreñas.

El asunto, sin embargo, puede complicárseles por diversas razones. Primero porque las falacias en torno al “caso Beatriz” se han ido haciendo cada vez más patentes con el paso del tiempo. Si el ejemplo “emblemático” de El Salvador exhibe grietas tan manifiestas, las consecuentes referencias a otros procesos judiciales repletos de mentiras, como Roe versus Wade (Estados Unidos, 1973), ofrecen robustez moral y técnica a la sentencia de la Sala, igual que a todos los que hemos argumentado nuestra oposición al aborto.

Otra razón es que la ciencia niega sistemáticamente las frágiles premisas del lobby abortista. Si la ONU o la OEA, por ejemplo, quisieran empujarnos a flexibilizar nuestra legislación, ¿a qué rama científica invocarían? No pueden recurrir a la Genética, porque la singularidad genética de cada persona se constituye en la fecundación. No pueden auxiliarse de la Embriología, porque ésta demuestra que el ciclo vital humano se desarrolla sin solución de continuidad desde la unión de los gametos. Tampoco pueden invocar la Biología Celular, porque está probado que el cigoto es la primera realidad corporal del ser humano, de la que se desprenden las subsiguientes diferenciaciones celulares. En cuanto a la Perinatología, ¿qué médico especializado en esta ciencia negaría que su meta principal es proteger dos vidas cuando trata un embarazo difícil?

Imposible ignorar, finalmente, la jurisprudencia internacional sobre los derechos de la niñez expuesta por el Dr. Florentín Meléndez en su voto disidente (un texto que, dicho sea de paso, ha sido muy mal interpretado por algunos medios de comunicación). A los lúcidos aportes del magistrado Meléndez habría que agregar la resolución del Tribunal Europeo de Derechos Humanos en el caso A, B y C versus Irlanda (2010), que negó la existencia de un “derecho humano al aborto”, así como los razonamientos del Tribunal Europeo de Justicia, con sede en Luxemburgo, que en 2011 hizo una multidisciplinaria defensa de la dignidad del embrión humano desde la concepción. ¿En serio quiere debatir la Corte Interamericana de Derechos Humanos todos estos temas? Solo pedimos que envíen emisarios bien preparados, porque en El Salvador no aceptamos que se nos quiera engañar.

Apenas cinco horas respiró la hija de Beatriz en este mundo complejo. Pero fue tiempo suficiente para tocar muchos corazones y remover muchas conciencias. Lo que hagamos a partir de esta tremenda lección depende de nuestra humildad. La vida y la muerte son misterios que no nos pertenecen.*

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